LA EDAD DE LA CIRUELA
de ARISTIDES VARGAS
Eleonora: ¡Noto que nos hemos detenido! Celina: ¿Y en qué lo notás? Eleonora: en que Ciruela ha dejado de pudrirse Celina: Ciruela para siempre va a tener la misma edad. Eleonora: Bravo! ¡Ha sido el triunfo de las mujeres sobre el tiempo! Lo felicito señor fiscal. Celina: ¡Yo también me felicito!
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Blanquita: ¡¡Ya voy, ya voy!! ¡Me tienen harta! Como decía Doña Adriática, que Dios recoja su alma en el cielo, porque su cuerpo lo tenemos retenido en la tierra hasta que se infle, se infle, se infle, y salga volando y no tengamos que sepultarla en la tierra sino en el aire. Y conste que no es mía la teoría, sino de doña María, que dice que a las difuntas sepultadas en el aire no hay que ponerles flores ni echarles agua, sino podarlas como a los ciruelos, para que los recuerdos crezcan con más fuerza, y regresen cada verano.
Tía Jacinta: La única declaración de amor que tuve en mi vida la tuve a los doce años y fue Apolo Tomillo que me dijo: "¿Quieres ser mi prometida?" y yo le constesté: "¿Qué hay que hacer?" y él me contestó: "Nada" y yo le dije:"Bueno".
Tía Adriática: ¿Acaso no creemos en Dios? ¡Sí que creemos! Y recurrimos a él a cada rato como si se tratase de un boticario invisible que mitiga los dolores del alma y los dolores del espíritu y con la misma facilidad con que lo vemos lo dejamos de ver para volvernos viles, avariciosos, terrenales, mediocres y sin alas. En esta familia nadie tiene alas y a mí me han crecido en la espalda, donde no me las puedo ver.
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Abuela María: Pedalea vamos! pedalea! Abuela Gumersinda: ¿Te acuerdas de nuestra infancia? Abuela María: Una monstruosidad. Abuela Gumersinda: Para mí es lo único que ha tenido sentido. Abuela María: La nostalgia nunca tiene sentido.





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